El Futuro de la Industria Eléctrica de Centroamérica: Avances y Desafíos para la Transición Energética

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De Industrias Verticalmente Integradas a Mercados Competitivos

En los últimos cuarenta años, los países centroamericanos han experimentado una notable transformación en su industria eléctrica. Han evolucionado desde modelos verticalmente integrados y centralizados, donde el Estado controlaba la asignación de recursos en las diversas actividades de la cadena de valor de la electricidad, incluyendo los precios, hacia modelos de gestión más autónomos y competitivos. Estos cambios han sido posibles gracias a la implementación de procesos de reforma en la mayoría de los países de la región.

A la fecha, todos los países centroamericanos han introducido alguna forma de reforma del sector eléctrico, que va desde la autorización de algunos Productores Independientes de Energía (IPP por sus siglas en inglés), hasta la plena competencia minorista; y tres de ellos, Guatemala, Panamá y El Salvador, han introducido subastas de suministro de energía y potencia a largo plazo.

Independientemente del país y del modelo adoptado, estos cambios han facilitado la introducción de mecanismos regulatorios, de financiamiento y de mercado para establecer los precios de la energía, promover la participación de agentes privados y, en algunos casos, incorporar nuevas tecnologías en la cadena de electricidad. Esto ha permitido que el servicio eléctrico en los países centroamericanos muestre avances sustanciales, que no solo se reflejan en el progreso socioeconómico de la región, sino también en los esfuerzos gubernamentales por mejorar el servicio.

Aunque las características del servicio eléctrico en la región varían según el desarrollo socioeconómico individual y la estructuración funcional de sus mercados eléctricos, a nivel general, todos los países han logrado avances significativos. Sin embargo, los logros parecen haberse concentrado en los segmentos de la cadena liberalizados con alcances muy parciales en las actividades de redes, en aspectos gobernanza y consolidación de la integración regional.

Si bien es cierto, que la puesta en marcha de la infraestructura del SIEPAC y del Mercado Eléctrico Regional (MER) ha propiciado un incremento continuo en los intercambios entre los agentes del MER año tras año, y ha visto un crecimiento en el número de empresas generadoras, comercializadoras, distribuidoras y grandes usuarios que ahora participan en el mercado (superando los 250 agentes). No menos cierto es, que se requiere seguir profundizando la integración regional para que los beneficios económicos derivados del MER alcancen los objetivos esperados y lleguen a la mayoría de los consumidores de la región.

Desarrollo Sostenible y Matriz Energética

Entre 1990 y 1995, el crecimiento promedio anual de la demanda de electricidad en la región, fue del orden de 7%. Ese crecimiento posteriormente se redujo entre 2009 y 2010 a un 3.4%. Solo Panamá mostró un comportamiento desigual, manteniendo niveles similares a los de 1990 durante esa década. Según las proyecciones del Consejo de Electrificación de América Central (CEAC), el crecimiento promedio de la demanda para Centroamérica se situará entre 4% y 6% anual hasta 2025, lo que implica que la región deberá duplicar su capacidad de generación eléctrica en los próximos años.

Se estima que el 75% de la energía eléctrica en la región se produce mediante fuentes renovables, siendo el 74% de generación hidroeléctrica, el 16% de generación renovable intermitente (proveniente de centrales eólicas y solares fotovoltaicas) y el 10% de generación geotérmica. El 25% de energía adicional que se requiere para el suministro de la demanda proviene de centrales termoeléctricas en una proporción del 23%, y un 2% se importa desde el sistema mexicano a través de la interconexión con Guatemala. Centroamérica contribuye solo con el 0.17% de las emisiones de gases de efecto invernadero a nivel mundial, lo que la convierte en la región con menor contribución global.

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Emisiones mundiales de CO2 por subregiones en 2020

Siguiendo las tendencias globales de la última década, las energías renovables no convencionales, como la eólica y la solar, han estado ganando terreno en la región. Costa Rica y Panamá destacan como referente en el uso de energías renovables, alcanzando en varias ocasiones largos periodos del año (entre 3 a 4 meses) con suministro eléctrico 100% renovable, a través de la combinación de la producción de hidroeléctricas, geotérmicas, eólicas, biomasa y solar.

A pesar de que las hidroeléctricas han sido la fuente energética favorita de la región y se considera la mejor opción para la expansión futura debido a que su potencial aún no ha sido explotado al 100% y su huella de carbono es relativamente baja, este tipo de energía renovable no ha estado exento de dificultades para su desarrollo.

  • La instalación de grandes embalses ha generado conflictos, incluso violentos, con las comunidades en el pasado debido al desplazamiento y la distribución desigual del recurso hidráulico entre los países, lo que parcialmente se ha mitigado con el desarrollo de proyectos como el SIEPAC y el MER. Asimismo, los embalses tienden a emitir metano en sus fases iniciales debido a la descomposición de la materia orgánica tras realizarse las inundaciones.
  • Debido a los conflictos vividos en el pasado, la banca internacional está menos dispuesta a financiar megaproyectos hidroeléctricos que impliquen grandes embalses, y Centroamérica no posee recursos económicos propios para financiarlos.

La energía geotérmica, presente en la región desde hace 30 años y aprovechada por Guatemala, El Salvador, Nicaragua y Costa Rica, con potencial remanente por explotar, enfrenta dificultades particulares para su desarrollo debido a que los yacimientos a explotar se encuentran dentro de áreas silvestres protegidas que requieren estudios adicionales para descartar impacto ecológico, así como modificaciones a la normativa vigente para su instalación dentro de un parque nacional.

Por otro lado, la biomasa, otro recurso aprovechado en la región a través de procesos de cogeneración de vapor y electricidad en ingenios azucareros empleando la combustión de bagazo de caña durante los periodos de zafra (entre 6 y 7 meses al año en la estación seca) e inyectando sus excedentes de electricidad a la red de distribución, no dispone de potencial suficiente para contribuir de forma importante a los requerimientos de energía de la sociedad del futuro. A nivel regional, la biomasa apenas produce el 3.9% del total de la electricidad, aunque ha sido particularmente importante en Guatemala y Nicaragua, donde ha llegado a suplir hasta un 10% de la electricidad del país.

Aunque la región ha apostado por las fuentes renovables, eso no quiere decir que los combustibles fósiles hayan desaparecido de su matriz eléctrica. Centroamérica no tiene yacimientos de petróleo significativos, por lo que debe importar este recurso para fines eléctricos y transporte. Según CEPAL y GIZ, esta importación consume el 12% del Producto Interno Bruto (PIB) de la región.

En la última década, el gas natural licuado (GNL) ha estado ganando fuerza en la región como una nueva fuente energética de bajas emisiones, que promete proveer la energía firme de base que la región necesita para hacer frente a sus planes de crecimiento y transformación energética. Este combustible ha permitido sustituir el uso del petróleo en la producción de electricidad en Panamá y El Salvador, y se vislumbra como la alternativa que permitirá el cierre de las pocas centrales de generación que aún utilizan carbón mineral y combustibles derivados del petroleo.

Transición Energética Sostenible y Justa

La región centroamericana tiene todas las condiciones para convertirse en un hub global de energía renovable con un gran potencial en hidrógeno verde, ya que sus matrices eléctricas son relativamente limpias y/o se encuentran en una ruta avanzada hacia la descarbonización.

A pesar de los indicadores positivos respecto a la composición de las matrices energéticas, en la región existe una disparidad importante en el acceso a la energía. Estas disparidades se observan principalmente en poblaciones vulnerables de zonas urbanas marginales y rurales. En países como Honduras, Guatemala y Nicaragua, menos del 50% de la población tiene acceso a energía de calidad que no comprometa su salud, principalmente debido a la exposición de niños y mujeres a altos niveles de contaminación del aire causados por la quema de biomasa para cocinar.

Las mujeres, al ser las principales responsables de las actividades domésticas y de cuidado, son quienes más padecen las implicaciones de la pobreza energética. Estas privaciones se traducen en la indisponibilidad de tiempo y energía para acceder a la educación e incorporarse al sector productivo, donde pueden generar ingresos propios.

En la actualidad, no existen indicadores desagregados que permitan conocer la brecha en el acceso a la energía entre hombres y mujeres, a pesar de algunas encuestas nacionales que incluyen datos de ingresos y gastos de los hogares, así como de distribución del tiempo. Esto evidencia la necesidad de incorporar indicadores de género en las políticas públicas orientadas al sector energético, ya que, en última instancia, el acceso a la energía debe proporcionar eficiencia, equidad y empoderamiento a toda la población.

Desde mediados de la década del 2010, algunos modelos empezaron a incorporar una visión de una transición energética sostenible y justa. No obstante, las decisiones de política energética que trascenderán a los cambios políticos son aún una interrogante y motivo de incertidumbre en la región.

Tendencias y Retos de la Transición para la Industria

La transición energética representa un desafío significativo para la industria eléctrica de Centroamérica, pero también abre un mundo de oportunidades para transformar el sector hacia una matriz aún más sostenible y resiliente. Tomando en consideración las últimas tendencias del sector, los principales desafíos que pueden ser identificados son:

Modernización de los Marcos Regulatorios: Acometer una reforma integral a los marcos regulatorios vigentes es esencial para acelerar la inversión y la integración de tecnología e innovación en todas las etapas de la cadena de valor de la electricidad. La modernización de infraestructuras, la adopción de soluciones tecnológicas avanzadas y la optimización de los procesos son aspectos clave para mejorar la eficiencia y la confiabilidad del sistema eléctrico.

Profundización de la Integración Eléctrica Regional: La colaboración entre los países para establecer interconexiones y compartir recursos energéticos es esencial para una gestión más eficiente y una mayor resiliencia ante contingencias de la industria. Una mayor integración eléctrica regional no solo reducirá costos, sino también permitirá aprovechar mejor los recursos energéticos disponibles, facilitando así la transición hacia una matriz más sostenible y diversificada en la región. Para lograrlo, será necesario:

  • Reforzar la voluntad política, fortalecer la cooperación interinstitucional y facilitar la planificación eléctrica regional.
  • Profundizar el entendimiento y divulgación de la Regulación Regional.
  • Mejorar los instrumentos de seguimiento y evaluación del desempeño del MER.
  • Revisar el Régimen Sancionatorio.
  • Asegurar la expansión de los sistemas de transmisión internos de los países para que estos no se constituyan en un «cuello de botella» para las transacciones en el Mercado Regional. «Sin transmisión no hay transición».
  • Diseñar e implementar los derechos firmes de transmisión a largo plazo. Para abordar esta situación, será esencial realizar ajustes en las regulaciones nacionales y llevar a cabo la compra de electricidad regional a largo plazo. Esto requerirá no solo diseñar e implementar derechos de transmisión firmes a largo plazo, sino también establecer procesos de decisión, licitación y contratación adecuados para la compra de electricidad regional en el futuro.
  • Promover el desarrollo de infraestructura e instrumentos regulatorios que favorezcan la coordinación operativa del MER con los mercados con México, Colombia y el resto de Latinoamérica.
  • Implementación de un mercado regional de compensación y servicios auxiliares, para compartir reservas operativas y servicios no energéticos

Integración de Recursos Energéticos Distribuidos: La generación solar y eólica (en tierra y mar adentro), junto con los sistemas de almacenamiento de energía y los vehículos eléctricos, ofrecen una oportunidad única para diversificar la matriz energética y reducir las emisiones. Sin embargo, su integración requerirá una adecuada planificación y regulación. Los incentivos para la inversión en estas tecnologías y la promoción de una infraestructura inteligente serán clave para optimizar el uso de la energía y aumentar la penetración de fuentes renovables intermitentes. Así mismo, será necesario desarrollar e implementar mejoras importantes en los mecanismos de supervisión y monitoreo de los sistemas de transmisión y distribución para ayudar a la integración de tecnologías distribuidas y aprovechar las innovaciones en flexibilidad.

Recolección, Intercambio y Protección de Datos: La disponibilidad y calidad de datos son cruciales para implementar soluciones digitales en la industria eléctrica. Actualmente, la falta de compartición de datos entre los participantes del mercado, sistemas anticuados y formatos incompatibles dificultan la planificación y optimización de recursos. Superar estos obstáculos y garantizar la disponibilidad y calidad de los datos será fundamental para impulsar la eficiencia y la competitividad en el sector eléctrico. Esto será clave en la transición para la integración de los recursos energéticos distribuidos y la aparición de nuevos actores en el mercado eléctrico.

Reducción de Pérdidas Técnicas y No Técnicas en las Redes: La implementación de tecnologías digitales para abordar las pérdidas técnicas y no técnicas del sistema es esencial para reducir las emisiones y mejorar la eficiencia. Algunos países aún enfrentan elevados niveles de pérdidas y/o interrupciones totales y frecuentes del servicio eléctrico (Honduras y Nicaragua) debido a infraestructuras deficientes y problemas de facturación. La inversión en infraestructuras modernas y sistemas de monitoreo adecuados será fundamental para superar este reto. (Las pérdidas técnicas se deben a las malas infraestructuras y a la congestión de la red, mientras que las no técnicas se deben al robo de electricidad o a la insuficiencia de los sistemas de facturación)

En conclusión

Con estas transformaciones y desafíos, Centroamérica se encuentra en un punto crucial para avanzar hacia una transición energética sostenible y justa. La integración de tecnologías renovables, la modernización de las infraestructuras y la promoción de la colaboración regional son factores fundamentales para lograr una matriz energética más diversificada y sostenible.

Para superar los desafíos identificados, se requiere una acción coordinada entre los gobiernos, el sector privado y la sociedad civil. Solo a través de un enfoque integral y colaborativo, Centroamérica podrá aprovechar todas las oportunidades que brinda la transición energética y construir un futuro más sostenible para todos los ciudadanos de la región.


  1. La Región Centroamericana, también conocida como América Central o Istmo Centroamericano comprende el territorio localizado entre Guatemala y Panamá. Aunque geográficamente el istmo lo comparten siete países -Belice, Guatemala, Honduras, El Salvador, Nicaragua, Costa Rica y Panamá-, solo seis se encuentran integrados e interconectados a través del Sistema de Interconexión Eléctrica para América Central (SIEPAC) y el Mercado Eléctrico Regional (MER).
  2. El proceso de integración eléctrica en América Central ha sido un esfuerzo mancomunado de los países de la región a través de varias décadas, pasando por reformas eléctricas e interconexiones binacionales, y culminando con convenios internacionales (Tratado Marco, Primer y Segundo Protocolo), el Proyecto SIEPAC, Regulación Regional y la creación del MER, un mercado mayorista supranacional que sirve de base para la inversión y operación eficiente de los sistemas nacionales y regional.
  3. A pesar de los esfuerzos realizados para mejorar la eficiencia de la industria, el nivel de pérdidas totales ha sido un desafío persistente. En 1975, representaban el 11.2% de la energía disponible a nivel regional, y a mediados de la década de 1990, aumentaron aceleradamente hasta alcanzar cerca del 18%, manteniéndose en dicho nivel desde entonces. Algunos países, como Honduras, Nicaragua y Guatemala, aún experimentan un notorio deterioro en el nivel de pérdidas, rondando el 35%, 25% y 15%, respectivamente, debido a pérdidas técnicas y no técnicas.

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